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Los Efectos psicológicos del Rechazo Social y el Ostracismo que sufren las personas nacidas con Síndrome de Harry Benjamin.

 
 

Copyright @ 2007, Charlotte Goiar, Daniel Goleman y Yahoo Groups.

Todos los Derechos Reservados.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

18 personas  nacidas  con  Síndrome  de  Harry  Benjamin,  de  ambos sexos, de edades comprendidas entre los 16 y 66 años, de diversas nacionalidades y lenguas, desde los más diversos estratos sociales, niveles culturales o económicos, han sido entrevistados en su calidad de miembros a través del sistema de Encuesta Privada de los Grupos Yahoo en Español y en Inglés asociados al sitio SHB Europe.


La Pregunta de la Encuesta ha sido:

¿Te ha causado problemas psicológicos el rechazo social o la discriminación que con frecuencia sufren las personas nacidas con tu condición?



Los resultados de este estudio-sondeo han sido alarmantes.


La gran mayoría de los encuestados reconocen sufrir o haber sufrido graves consecuencias psicológicas causadas por el rechazo de su entorno familiar, social o laboral, llegando a alcanzar niveles de necesidad de atención clínica especializada para poder sobrevivir al daño psicológico causado por el entorno social debido a su Síndrome de Harry Benjamin de nacimiento.

 


 

De las 18 personas entrevistadas por el sistema de sondeos integrado en Grupos Yahoo, se obtuvieron los siguientes resultados:




Un 70 % han sufrido o sufren formas de angustia, tristeza, miedo, impotencia o malestar debidos al rechazo o discriminación social a la que están o estuvieron sometidos/as.



 

Un 60 % han sufrido o sufren DEPRESIÓN CLÍNICA.

Un 60% han sufrido o sufren una tendencia a volverse anti-sociales en algún grado significativo.



 

Un 40 % han restringido sus relaciones con la gente.

 

Un 40% han desarrollado patrones de conducta auto-destructivos.

Un 40% siguen tratamiento psicológico o psiquiátrico debido a las consecuencias del rechazo o la discriminación social.




Un 30% se han vuelto más introvertidos y desconfiados de los demás.


Un 30% han desarrollado patrones de conducta adictivos.

 

Un 30% han sufrido un importante deterioro intelectual.

Un 30% han sufrido importantes daños en su autoestima.




Un 20% han desarrollado patrones de conducta obsesivo-compulsivos.


Un 10% aseguran que no han sufrido consecuencias psicológicas significativas.

 



 

Fecha de Inicio del Sondeo:  4 de Octubre de 2007.

Fecha de Conclusión del Sondeo:  27 de Octubre de 2007.




 
 

 

 

CONCLUSIONES


 

Si bién se trata de una muestra limitada de entrevistados, los altos índices hallados de lesión psicológica significativa se encuentran lo demasiado alejados de los porcentajes esperados de una muestra de población general, como para no obviar un significativo grado de lesión psicológica causada por el rechazo y la discriminación familiar, social o laboral, en las personas nacidas con Síndrome de Harry Benjamin.

Se estima que 1 de cada 100.000 niños de ambos sexos nacen con Síndrome de Harry Benjamin. La extrema persistencia de los prejuicios sociales acerca de esta condición intersexual, conlleva la necesidad de crear Unidades Clínicas especializadas que integren profesionales de la salud debidamente cualificados y preparados específícamente para tratar estos altos índices de lesividad psicológica que sufren estas personas debido a un entorno social usualmente agresivo, ignorante y prejuicioso sobre su condición médica.

Se hace evidentemente necesario legislar en este sentido, ofreciendo una normativa protectora para estas personas, prohibiendo explícitamente la discriminación de cualquier grado familiar, social o laboral a estas personas y a otras en situaciones de similar vulnerabilidad debido a condiciones intersexuales similares.

Las personas nacidas con Síndrome de Harry Benjamin NO son impermeables al rechazo, discriminación y trato social inadecuados.


El hecho de que se trate de un grupo poblacional muy minoritario no debe excluir a estas personas de los derechos y el trato social adecuado que les corresponde, especialmente dada la magnitud de los índices de lesividad psicológica que se han hallado en este estudio. Es únicamente mediante la adecuada integración de las minorías en el marco social y jurídico de un Estado, como podemos medir el grado de civilización de dicho Estado.

 
Se urge desde este sitio web a que se tomen medidas legislativas y sanitarias que sirvan de apoyo a estas personas y con ellas se logre reducir los alarmantes índices de lesividad psicológica que el presente estudio concluye.


El descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás, ya que el mismo diseño del cerebro nos torna sociables y establece  inexorablemente  un  vínculo  intercerebral  con  las  personas con las que nos relacionamos. Ese puente neuronal nos deja a merced del efecto que los demás provocan en nuestro cerebro -y, a través de él, en nuestro cuerpo-, y viceversa.

Todos nos sentimos inevitablemente angustiados cuando esperamos conectar con alguien que, por una u otra razón, no asume su parte, y a causa de ello, nos sentimos desamparados,como el bebé cuya madre se niega a prestarle atención.

Ese tipo de sufrimiento tiene un fundamento neuronal, porque nuestro cerebro registra el rechazo social en la corteza cingulada anterior (CCA),  la  misma  región  que  se  activa cuando experimentamos un daño físico y también provoca, por lo que sabemos -entre otras muchas cosas-, una angustiosa sensación de dolor corporal. (1)

La investigación dirigida por Matthew Lieberman y Naomi Eisenberger en UCLA sugiere que la corteza cingulada anterior opera como una especie de alarma neuronal que detecta el peligro del rechazo y alerta a otras partes del cerebro a que reaccionen en consecuencia. (2) En ese sentido, ambos opinan que forma parte de lo que ellos denominan "un sistema de identificación social" que parece asentarse en los mismos circuitos cerebrales que advierten al cerebro de un posible daño físico.

El rechazo evoca una amenaza primordial importante para el cerebro. En este sentido, Lieberman y Eisenberger nos recuerdan que la integración en un grupo era esencial para la supervivencia del hombre prehistórico, porque la exclusión podía implicar una sentencia de muerte, como hoy en dia
sigue ocurriendo cuando el mamífero humano se ve en la obligación de sobrevivir en medio de la Naturaleza. Según afirman estos investigadores, el centro del dolor pudo haber desarrollado esta sensibilidad a la exclusión social como una señal de alarma que muy probablemente estimula la necesidad de recomponer la relación amenazada.

Este descubrimiento da sentido a las metáforas que solemos emplear cuando nos referimos al dolor generado por el rechazo -como tener "el corazón roto", o los "sentimientos heridos"-, lo que indica la naturaleza física del sufrimiento emocional. El lenguaje humano parece reconocer esta equiparación entre el dolor físico y el sufrimiento social, porque son muchos los idiomas en los
que los términos utilizados en el momento de describir el sufrimiento social se derivan del mismo léxico empleado para referirnos al dolor físico.

Asímismo es muy elocuente el hecho de que los simios que tienen lesionada la corteza cingulada anterior no puedan llorar de angustia cuando se ven separados de sus madres, un fracaso, que en plena Naturaleza, podría poner en peligro su vida. Del mismo modo, las madres de estos simios con lesiones en la corteza cingulada anterior ya no responden a los gritos de aflicción de sus hijos cogiéndoles en brazos para protegerles,y , en el caso de los seres humanos, se ha descubierto que el llanto del bebé activa la corteza cingulada anterior de su madre y no se desconecta hasta que ésta responde.

Quizás nuestra necesidad primordial de conexión explique la proximidad de los centros del tallo cerebral asociados a las lágrimas y la risa, (3) que afloran espontáneamente en los momentos de mayor conexión social, como nacimientos, muertes, bodas y reencuentros largamente esperados. De este modo la angustia de la separación y la alegría del vínculo social reflejan el poder primordial de la conexión.

Cuando esta necesidad de proximidad no se ve adecuadamente satisfecha pueden presentarse diversos tipos de trastornos emocionales. Los psicólogos han acuñado el término "depresión social" para referirse al malestar concreto causado por las relaciones problemáticas y amenazadoras. El rechazo -o el miedo al rechazo- también es una de las causas más comunes de ansiedad. La sensación de inclusión no depende del número ni de la frecuencia de los contactos sociales, sino de lo reconocida y aceptada que se sienta , aunque sólo sea por unas pocas personas clave. (4)

No es de extrañar, por tanto, que las amenazas de abandono, separación o rechazo discurran a través de los mismos circuitos neuronales porque, en un tiempo, fueron auténticas amenazas -hoy simbólicas- a nuestra supervivencia física.

 

 


 

Notas:




1  Naomi Eisenberger y Matthew Lieberman, "Why Rejection Hurts: A Common Neural Alarm System for Physical and Social Pain". Science, 87. 2004. págs., 294-300.

2  Matthew Lieberman et al., "A Pain By Any Other Name (Rejection, Exclusion, Ostracism) Still Hurts The Same: The Role of Dorsal Anterior Cingulate Cortex in Social and Physical Pain". en J Cacioppo et al. (eds.) Social Neuroscience: People Thinking About People. (Cambridge,
Mass.MIT Press, 2005).

3  Jaak Panksepp, "The Instinctual Basis of Human Affect" en Conciousness and Emotion, 4. (2003), págs. 197-206.

4  Louise Hawkley et al., "Loneliness in Everyday Life: Cardiovascular Activity, Psychosocial Context, and Health Behaviours" en Journal of Personality and Social Psychology, 85 (2003),
págs. 105-120.



 



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